EL MUSOLARI

Vaya cartas. Ni reyes ni ases ni juego. Pero yo soy un “musolari” de raza, un jugador de mus de los auténticos, y como en esta baza soy el mano se van a enterar estos de lo que vale un peine. El primero de todos el tontorrón de mi compañero que no sabe si las cartas son redondas o cuadradas. En fin, lo hemos echado a suertes y me ha tocado este “pasmao” pero mejor me iría si jugara yo solo. Segurísimo.

-No hay mus. Corto y envido a grande. Pero no dos, no, sino los dientes del choto, que son dieciocho.

-¿Dieciocho? No las veo. Aunque nunca le he contado yo los dientes a un choto.

-Paso.

-Y yo. Pero arrieros somos y en el camino ya nos encontraremos.

Una de “porque no”. Sin “barbas” y sin jacos me llevo la grande. Como decimos en mi barrio madrileño, ahí queda eso, Cornejo. Soy un hacha. Y en mi empresa sin enterarse de lo que tienen teniéndome a mí. Me putean porque se han enterado de que he cambiado de trabajo siete veces en el último año. Por eso ahora me tienen manía los muy ignorantes. No se fían de mí. Son una pandilla de cegatos. Que manera de desaprovechar un talento como el mío…

-Para la chica, la mano de un niño que son solo cinco.

-¿La chica? ¿Quién quiere la chica? “Ganador de chica perdedor de cuartillos de vino”.

-Paso

-No veo

Si, si, ir pasando, que los puntos me los llevo yo, con o sin cuartillos de vino. Luego sacareis algún as, que yo no llevo pero vosotros seguro que alguno tenéis, pero ya será tarde. Eso le pasará también a mi mujer si se sigue poniendo pesada. A veces no ve que tengo un talento que muchos no comprenden. A veces me dice que soy un fracasado y un vago, y que vivo a su costa. Se pasa la vida haciéndome discursos de que a mi edad ya debería tener una estabilidad en el trabajo, que ella lo tiene y yo no. Sí, sigue así y un día se me hincharán las narices, te dejaré plantada y me iré a vivir la vida lejos de tus aburridas monsergas. Entonces te arrepentirás de haber sido tan cargante, pero entonces ya será tarde. Será muy tarde, cariñín, ya lo verás…

-Llevo pares.

-No.

-No.

-Si.

-¿El caballero lleva pares? ¡Pero eres postre y yo soy mano, Mariano! Hummm… Envido cuatro a tus pares.

-Veo.

-¡Así me gusta, Zaratustra! ¡Por fin un valiente en esta partida!

La verdad es que si lo miras bien, la vida casi siempre es un asco. La niña se marchó de casa diciendo que estaba harta de nuestras discusiones. Se fue con aquel bandarra que luego la dejó preñada y se dio el piro. Si me lo echo a la cara le saco los hígados, pero bien que se escondió el muy mamón. En fin, a lo que estamos, tuerto, que ya hemos hablado de los pares pero aún queda alguna cosa más, como diría Blas.

-No llevo juego

-Ni yo

-Yo tampoco

-No

– Olé la gracia, todos en la inclusa, huérfanos de juego. Pues aquí te quiero ver, Manuel ¡Órdago al punto!

– ¡Eres un fantasma! Seguro que no llevas nada de nada.

– A lo mejor no… o a lo mejor si. ¿Queréis el órdago? Anda, quiérelo…

– Que no, hombre, que no. Que no son horas para querer un órdago. A otro perro con ese hueso.

Hale, otros dos tantos : punto y miedo. Y hablando de miedo… si, hay que reconocer que de eso a veces yo mismo tengo un poquito. No en el mus, claro, pero la edad no perdona y si nos ponemos serios no se puede negar que ya no es como antes, que yo era un figura. Ahora con esta barriga cervecera que he criado, con menos pelo en la cabeza del que hay en un litro de vino y con pocos cuartos en el bolsillo ya me como muy poquitas roscas. Si, a mi edad ya se le empiezan a ver las orejas al lobo, que coño. ¡Pero aquí sigo siendo un campeón, un “musolari” de los que ya no quedan, un artista de la pista, un jugador de primera! Me sobran facultades, si señor, para ganarles a estos pazguatos. Vamos, que a la vista está…

– Hale, cartas sobre la mesa y a contar. Dime lo que tienes, Nicomedes. A los pares yo llevo duples de sotas-cincos que les ganan a tus medias de seises. O sea, que cuatro del envite y tres de duples, siete. Más los cuatro tantos que ya me había apuntado de grande, chica y punto, hacen un total de once en esta mano. ¡Once! Y eso sin que mi compañero lleve ni unos miserables pares. ¿Te has enterao, Menelao? Hale, chavales, ¡a aprender a Salamanca!

Esto ya está encarrilado. En cuanto terminemos la partida y las copas, a casita a cenar como cada noche. Aunque alguna vez he soñado que era ella la que se cansaba de mi y que me dejaba plantado, y que cuando volvía a casa no tenía ni cena, ni mujer, ni nada de nada. Que se largaba, que me dejaba con lo puesto y con esta mierda de trabajo en el que no saben valorar mi inteligencia y del que me van a echar cualquier día. Alguna vez he soñado esto y pensándolo luego si que me ha venido un poquito de canguelo. Pero bah, es un pensamiento absurdo. Discutimos con frecuencia, pero todos los matrimonios lo hacen. Bueno, puede que discutamos mas de lo normal, pero en el fondo ella sabe lo mucho que valgo, que soy un “musolari” de primera y que para eso se necesita muchísimo caletre. Mu-chí-si-mo ca-le-tre. Aunque hoy en día las empresas las dirigen una partida de incompetentes que no saben apreciar el verdadero talento. No señor, no lo saben.

Y encima no tienen puñetera idea de jugar al mus.

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