ANUNCIO POR PALABRAS

El martes perdí el Metro en la estación de Sants. Oí los pitidos que anunciaban el cierre de las puertas en el mismo momento en que llegaba al andén. Sé que es una imprudencia, pero tenía prisa y por eso intenté entrar en el vagón en el último segundo. No lo conseguí y ví como las puertas se cerraban ante mí, afortunadamente sin producirme ningún daño. Allí me quedé, con un palmo de narices, viendo como el tren arrancaba y sintiendo sobre mí las miradas de muchos de los que iban dentro del vagón. ¡Que extraña sensación! Tú estás en el espacio abierto del andén y los que van dentro del vagón están en un recinto cerrado y acristalado. Sin embargo lo sientes al revés. Es como si tú estuvieras encerrada dentro de una pecera y fueran todos los demás los que te contemplan a sus anchas desde fuera. Tú encerrada y ellos libres.

El jueves compré el periódico, como casi todos los días. No acostumbro a repetir, suelo comprar uno distinto cada día. De esta manera voy calibrando los diversos puntos de vista de unos y otros. Desde luego que en esto de la prensa no soy nada fiel. Lo que sí tengo es la costumbre fija de echar un vistazo a los anuncios por palabras. Siempre, sin falta. Desde luego cada una tiene sus manías y esta es una de las mías aunque pocas veces se encuentra algo interesante. Lo habitual son los anuncios inmobiliarios (ventas de pisos, alquileres, etc) y los de contactos (variedad de anuncios eróticos, ya se sabe). Poco más, desde luego, pero en ocasiones, cuando menos te lo esperas, se descubren verdaderas joyas. Raras veces, es cierto, pero el jueves me encontré con una sorpresa mayúscula, con algo que nunca me hubiera imaginado. El anuncio, en un tamaño de letra mayor del habitual, y recuadrado, decía así:

“Te ví el martes en el metro de Sants, cuando el tren arrancaba, y desde entonces no puedo olvidarte. Vestías falda vaquera y jersey rojo ¿Podemos vernos? Llámame.”

¿Hará falta decir que el pasado martes, cuando perdí el metro en Sants, yo vestía jersey rojo y falda vaquera? Pues si, vestía de esa guisa. ¿Era yo, pues, la persona inolvidable del que había puesto el anuncio? Me gustó el estilo que reflejaban esa treintena de palabras, y decidi averiguarlo.

Nunca han sido de mi agrado las citas a ciegas. Jamás he concertado una cita por Internet, ni siquiera con intercambio previo de fotografías. Creo en las virtudes del contacto físico, aunque sea meramente contacto visual. Y creo que aunque solo sea mediante la palabra se captan las buenas o malas vibraciones. Por eso le llamé, para intentar percibir las buenas o malas vibraciones de su voz. Para decidir, poniendo a prueba mi intuición femenina, si le aceptaba una cita.

Y si, se la acepté. Y aquí estoy, en el Café Zurich, esperándole. Me dijo que vendría vestido con chaqueta de pana beige y pantalón marrón. En la mano un libro, como en las películas. Un ejemplar de “La sombra del viento” de Ruiz-Zafón. Me pidió que yo vistiese la falda vaquera y el jersey rojo del martes en Sants. Se lo prometí pero no lo he cumplido. Le engañé intencionadamente porque quiero comprobar si recuerda de mí algo más que mi jersey rojo y mi falda vaquera. Además me he venido cuarenta minutos antes de la hora acordada. Esta vez quiero ser yo quién le observe cuando llegue. Yo, comodamente sentada, ya instalada, y él buscándome desorientado. Esta vez quiero ser yo la que esté fuera de la pecera. Será la forma de equilibrar la balanza y de comenzar en igualdad de condiciones. Y cuanto antes sepa que no soporto que un hombre se crea superior a mí por el mero hecho de ser hombre, mejor para ambos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s